En una ocasión una niña preguntó: “Mamá, ¿cuándo voy a tener novio como mi hermana?” La madre le respondió: “Hoy no tengo tiempo, otro día te contesto.”...
Muchas veces los hijos formulan preguntas espontáneas y sin preámbulos, porque a través de ellas están manifestando una necesidad de saber muchas cosas relacionadas con la vida. En algunos casos estas preguntas resultan chocantes o irritantes para los padres, especialmente cuando están relacionadas con el sexo, la droga, el fumar, la muerte, la política, la violencia o la religión y la fe. Pero también están aquellas preguntas que parecen inocentes sobre lo que piensan y obran con relación a los demás.
El estilo de vida, los gustos, la forma de vivir el amor matrimonial, la esperanza, la verdad, la libertad, la justicia y el lenguaje en el corazón del hogar, son cosas que despiertan inquietudes y preguntas, pues no hay que olvidar que los hijos aprenden a vivir mirando muy especialmente los gestos y actitudes de los padres.
Una de las preguntas que debe estar presente en los padres es: “CÓMO, CUÁNDO Y DÓNDE responder a los hijos. Muchas de las decepciones que sufren los niños comienzan a gestarse en el momento en que el padre o la madre responden: “Hoy no tengo tiempo, te contesto otro día.” ¡Cuidado!, que ese otro día no tarde demasiado y se cierre una puerta para nunca más disfrutar de la confianza con los padres, dejando así el camino libre para que la busquen la respuesta en dudosos consejos fuera del hogar.
Dichoso los padres que no dejan para “otro día” lo que pueden responder con amor y naturalidad en el momento oportuno. Dichosos los padres que saben hacer tiempo para ejercer una virtud bastante olvidada en estos tiempos, la de saber escuchar a los hijos. Dichosos los padres que saben buscar la ayuda de Dios para orientar en forma integral la vida de sus hijos para que de esta manera estuvieren poniendo el verdadero fundamento para la vida y formándolo para ser una persona plena .
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